domingo, 23 de octubre de 2016

LA VIRGEN DEL VALLE DEL ESPÍRITU SANTO EN LA COTIDIANIDAD POPULAR CALENDARIO 2 017





EN  AGRADECIMIENTO A MIRIAM MORALES DEVOTA DE LA VIRGEN DEL VALLE

    Estas breves líneas, escritas para expresar mi gratitud a Miriam Morales, una caraqueña residenciada en la isla de Margarita desde hace nueve años, tiempo en el cual ha venido editando su calendario en honor a la Virgen del Valle como un acto de devoción y fe; quién en esta última edición tuvo  la gentileza de seleccionar tres imágenes fotográficas tomadas por mí, dos en el interior del país y una en Caracas, D. C.; publicadas en dos trabajos en mi blog artepopularvenezolano.blogspot.com, titulados: “A la Virgen del Valle por Acompañarnos en el Camino”, [poster on line] el viernes 30 de agosto de 2013, en la que aparecen una fotografía de la Virgen del Valle en su altar en Traki, Avenida Casanova, al lado del Centro Comercial “El Rosal”, en la capital de Venezuela fotografiada el día 3 de marzo de 2012, que aparece en el almanaque el mes de junio subtitulado (El altar doméstico y el popular), la otra fotografía de un mural, de autor anónimo, sin fecha, ubicado en la esquinas de las calles Colombia con Bomboná, Maturín, estado Monagas, Venezuela, tomada el día tres de septiembre de 2012, ubicada el mes de abril. El otro trabajo en cuestión: “Recorrido de Fe”, aparece una imagen de un mural del artista plástico Franjob, pintado en el año  2013 que fotografié el días 3 de septiembre de ese año, publicada el lunes 8 de septiembre de 2014, visualizada en el almanaque el mes de abril, intitulado (La Virgen Urbana).

     Sobre la Virgen del Valle hasta ahora había publicado tres ediciones, las dos arriba indicadas, y el trabajo de la primera edición: “¡Salve Virgen del Valle!”, publicado el miércoles 12 de agosto del 2012. A la fecha, por razones de tiempo, no había hecho otro trabajo sobre la Patrona del Oriente, sin embargo, la señora Morales por haber tenido para con la Virgen, ofrendarla con su novena edición de este bello almanaque; y para conmigo la deferencia de incorporar en él tres imágenes de la Virgen de las publicaciones arriba comentadas, me motivó escribir estas líneas, como una ofrenda a  la “Virgen Marinera”; y como un gesto de agradecimiento a la señora Miriam Morales, a quien le de Dios salud para que por muchos años siga publicando estos hermosos almanaques en honor a la Virgen del Valle del Espíritu Santo de la Margarita como dirían los cronistas de Indias, y de esta manera divulgar tantas anécdotas e historias de ella, como la que presenta este año titulada: “La Virgen del Valle del Espíritu Santo en la Cotidianidad Popular”, como una manera de resaltar nuestras tradiciones. Mil gracias por su gesto diáfano de haber leído mi trabajo y de haber tenido la disposición tan noble de incorporar estas hermosas imágenes de la Virgen publicadas por mí  en su calendario de este año. ¡Mil gracias, que la Virgen la acompañe!*

La Virgen del Valle del Espíritu Santo en la cotidianidad popular
CALENDARIO 2 017



















*Manuel Bas. Profesor Agregado, Universidad Nacional Experimental “Simón Rodríguez”, Núcleo Los Teques, estado Miranda, Venezuela.
Edición electrónica y revisión de texto: Hernández Víctor A. 

sábado, 22 de octubre de 2016

LITERATURA LATINOAMERICANA Y CARIBEÑA






REPÚBLICA BOLIVARIANA DE VENEZUELA
UNIVERSIDAD PEDAGÓGICA EXPERIMENTAL LIBERTADOR
INSTITUTO PEDAGÓGICO DE CARACAS
SUBDIRECCIÓN DE INVESTIGACIÓN Y POSTGRADO
DOCTORADO EN CULTURA Y ARTE PARA AMÉRICA LATINA Y EL CARIBE


Seminario: Literatura Latinoamericana y Caribeña
Profesora: Dra. Audy Castañeda
Participante: Manuel Bas
Caracas, 19 de septiembre de 2016


Dos Visiones de la Literatura Caribeña Jamaica Kincaid y Edwidge Danticat


     Siempre que se aborde una obra literaria, y de manera muy particular, la del Caribe, rico en historia, es conveniente ubicarse en el contexto histórico en fue escrita la novela y sus implicaciones. La novela caribeña está influenciada por la historia tanto oral como escrita, de lo que Derek Walcott denomina “herencia remota”. En toda la literatura caribeña se encuentran tres elementos fundamentales que están siempre presentes de manera recurrentes: el mar, las plantaciones de caña de azúcar y la mano de obra esclava traída de África, o de sus descendientes nacidos en suelo americano con el estigma de las cadenas y el grillete. Herederos de los traumas, sufrimientos y de la vida trágica de sus antepasados.

     Ahora bien, de estos tres elementos se desencadenan un abanico de posibilidades de hacer ficción literaria, incluyendo además la reelaboración de textos escritos, inspirado en la literatura de América Latina y el Caribe, Europa, África y los Estados Unidos. Incorporando en ellos la oralidad venida de la gente del común, que el escritor contrasta, combina a través de la intertextualidad. El escritor caribeño aprovecha la diversidad cultural y lingüística de la región, que se debe en gran parte porque en el Caribe estaba la puerta de entrada a América, el puerto de La Habana, Cuba, que era considerado la “Llave de América”, además de ser una región ideal para el cultivo de la caña de azúcar originaria de la India Oriental, lo que contribuyó a incrementar la mano de obra esclava en la región, que no tuvo homólogo en otro lugar en las Indias Occidentales. El Caribe fue una suerte de “Mediterráneo americano”.

     Por este mar interno circulaban los barcos negreros, piratas y bucaneros, fue teatro de la guerra del oro entre las potencias europeas, las intrigas y toda suerte de abuso que era normal para los hombres de aquellos tiempos. El negro esclavo africano y su descendiente en suelo americano fue el denominador común en recibir todos estos atropellos. Por ello el Caribe era más bien una especie de factoría comercial, no había interés de parte del conquistador en la posesión física del territorio. El mar, como en ninguna otra parte de América  ocupa un lugar preponderante, incluso en la literatura caribeña, es un personaje, se le humaniza.

     Al igual que al mar, la ciudad es la gran heroína trágica, se convierte en un personaje femenino que parece ausentarse en rostros viriles y antropomorfos; que en muchos casos pasa a ser una especie de “Alter Ego” del escritor que le sirve de “Yo” para auto-biografiar. Es escenario de influencias intercontinentales, con unas referencias culturales sin igual, que plasmado en la literatura no tiene su par en ninguna parte del mundo. Todo este conjunto de circunstancias, perfila un modelo literario en la que el viaje, el destino, la nostalgia, la muerte, la emigración y la inmigración son temas abordados por el escritor.

     De todas estas circunstancias que he venido señalando, se han dado cuenta dos mujeres excepcionales en el campo de la literatura caribeña: Edwidge Danticat y Jamaica Kincaid; quienes, si algo tienen en común, es hacer ficción de algo tan escabroso, trágico como la muerte. No creamos que olvidando un tema  tan difícil como este, por las connotaciones psicológicas que implica, se resuelve el problema de la existencia humana, porque ésta, es el reverso de la vida. Estas autoras, han encontrado en este tema una manera de novelar, porque han visto en él, a diferencia de la mayor parte de la gente, que cuando se muere, no siempre pasamos al olvido, sino al contrario, en algunos casos se tiene más renombre muerto que vivo, como son muchos casos de personajes, que estuvieron silenciados en vida y la muerte los trajo de vuelta de manera permanente a la sociedad.

     De Jamaica Kincaid (2009) refiero una de las obras más fundamentales de la literatura caribeña de los últimos tiempos: “Autobiografía de mi Madre”; de Edwidge Danticat: “Cosecha de Huesos” y otros cuentos, aunque brevemente, obras con las cuales abordaré los puntos de vistas de ambas autoras. El título “Biografía de mi Madre”, es naturalmente una metáfora; pero  si lo entendemos de manera literal, parece un contrasentido, escribir una autobiografía de otro, si no hurgamos en el propósito de la escritora, que ha visto de cerca las injusticias que vivió su madre. En esta novela, la autora narra de manera autobiográfica no desde el yo, sino desde el “Él”, para relatar un acontecimiento ajeno como propio, del que se apropia, por la cercanía del parentesco madre-hija, en la que su madre es la protagonista, a través de ella.

     El relato parte  del episodio de la muerte de su madre, que marca la vida de la novelista, que la transfiere a Yudela, su madre, la protagonista, que el fondo, es una manera de hacer autobiografía no en primera persona, sino sustituyendo el yo por un personaje con carácter autobiográfico, para expresar lo que vivió la madre de Kincaid Jamaica. Por ello, no nos extrañe la manera obsesiva con que penetra en la relación madre-hija en la novela, como recurso para denunciar las injusticias e inequidades que vive la gente de color relacionado con la discriminación racial, que ha sido un estigma en el Caribe. (Stecher, 2010).

    No olvidemos que a la muerte de su madre, el padre se la entrega a la señora que le lavaba la ropa para que se ocupara de ella, lo que se traduce en abandono. La vida que narra es la de Yudela (su madre) a partir de cual se organiza el relato, con un discurso crítico que abarca los campos social y político. Sobre este punto, Mihovilovich (2007) señala que la narrativa de Jamaica Kincaid hurga en los espacios interiores, en la esencialidad de sus conflictos. De esta manera examina los traumas y heridas profundas, la razón del ser, lo interno con la agudeza de un psicólogo y de manera reflexiva nos da una visión del sentimiento trágico padecido por la imposición política, el mecanismo de dominación individual y colectiva durante generaciones. La autora explora la historia humana del hombre caribeño y las posibilidades desde la perspectiva nacimiento, desarrollo, de sus descubrimientos y conquistas, sus sufrimientos, a veces ineludibles por las circunstancias que le ha tocado vivir.

     Al igual que la obra de Jamaica Kincaid, Gloria Stolk, Maryse Condé, el trabajo de Edwidge Danticat pone de relieve las injusticias, el drama ignominioso de la esclavitud negra del Caribe, el racismo exacerbado, el estigma de una cultura donde la mujer africana esclavizada son personajes de críticas, pasando a ser unas especies de heroínas teniendo como telón de fondo los contraste de la muerte y el amor; muchas veces el amor frustrado que lleva a la resignación y a la soledad.

      En las obras Cosecha de Huesos y ¡Cric! ¡Crac! de Edwidge Danticat, la muerte es el personaje principal a lo largo del relato, que escoge apariencias absurdas y paradójicas ¿acaso el racismo, las injusticias en estos tiempos no lo son? Muchos de estos hechos ignominiosos la escritora los recoge del relato oral, son anécdotas, pretextos para hurgar en el pasado de su país (Haití), caracterizado por la tragedia, las discriminaciones de todo género y la injusticia. Para Danticat contar historias es un compromiso, un arte. Como vemos en ¡Cric! ¡Crac! mostrar las injusticias de modo sublimizadas a través de la ficción, más allá de los recursos literarios de la escritora.

     Sus personajes mediadores que transitan  los rasgos de la tradición haitiana, sus tabúes, sus desgracias, las discriminaciones de las mujeres de su país. Por ejemplo, en su cuento “Hijo del Mar” relata la huida de 36 personas de los acosos de los guardias secretos de la dictadura de Duvalier (presidente de Haití) quien gobernó a este país hasta 1986, la gente en cuestión, huyen en una lancha la cual está a punto de naufragar, en el desespero de los viajeros, una mujer lanza a una niña al mar y luego se lanza ella. En esta historia la muerte es una anécdota extraña, que sólo puede ser comprendida, si se conoce el calvario que vivieron los haitianos en la época de la dictadura, donde la vida de la gente, por los abusos políticos cometidos por sus gobernantes, es la muerte misma.

     En otra obra, “Relato” (1937) una anciana es condenada a cadena perpetua por tener alas de fuego, luego de estar en la cárcel es asesinada a golpes.  Este relato tan absurdo —no como trama literaria— sino como razón de ser sólo puede ser comprendido si lo contextualizamos con la historia haitiana de tiempos de Duvalier. Por ello Danticat traza en sus cuentos un juego dual muerte-vida, porque la muerte según la escritora, a pesar del dolor, es reposo y descanso. Sobre la autora, refiere Montes (2001), en el cuento “Un Mero Fuego” el relato transcurre a la manera absurda de Kafka, un hombre que quiere volar escapa en un globo para estrellarse minutos después en el pavimento, un guardia se acerca a cerrarle los ojos y la esposa de la víctima se lo impide.
     En la obra Cosecha de Huesos, un trabajo más cercano a la novela, profundiza la cosmovisión que había esbozado en ¡Cric! ¡Crac!. Es una historia que se sitúa en 1937, año en que ocurrió la masacre procurada por Leonidas Trujillo, dictador de República Dominicana, plagadas de injusticias contra el pueblo haitiano. Es una obra cargada de realismo dramático y fuerza significativa en la que la autora profundiza en la interioridad de los personajes, refiere las historias vividas por las familias haitianas que nunca conocieron la muerte de sus hijos desaparecidos o asesinados por el régimen de Trujillo, por pertenecer a otro país en la misma isla, hablar otro idioma y ser de otra raza.

     En esta obra, entre otras cosas, narra el reencuentro de sus personajes principales Anabelle y Sebastián, Éste, su compañero, su amor, su vida, no evita que su existencia se debata entre la incertidumbre y el dolor descarnado por sus recuerdos que los instalan en el pasado, un pasado tan absurdo, tan inicuo, en la que sus personajes reciben del régimen dictatorial toda suerte de vejaciones, de asesinatos… Este relato es propicio para que la autora, a través de su personaje Anabelle intercale sus propias reflexiones para  denunciar las desgracias vividas por la gente haitiana. Al final del relato, la protagonista ya vieja se reconcilia con sus fantasmas para recordarles a los suyos con nostalgia, su pasado vivido y darle algún sentido a los días que le quedan.

     La literatura comentada de estas autoras desnuda la crueldad de como han sido tratados los esclavos negros en el Caribe, lo trágico, y unas vidas que pendulan entre la muerte y la vida; y el amor es como un consuelo dentro de tantas injusticia, porque el amor es principio de vida, y el antídoto para tantas ignominias, que naturalmente transforma la literatura de estas dos insignes escritoras caribeñas, quizá sin proponérselo, en activistas por la lucha de los derechos civiles de la gente negra del Caribe, porque sus creaciones tienen un alto contenido político, social y cultual.

Referencias

—Danticat, Edwidge. (1999). Cosecha de Huesos.(Marcelo Cohen, Trad.) [The Forming of Bones]. Bogotá, Colombia: Editorial Norma. (Trabajo original publicado en 1999).

—Kincaid, Jamaica. (1996). Autobiografía de mi Madre. [The Autobiography of my Mother]. (Alejandro Pérez Viza, Trad.). México: Editorial Txalaparta. 8Trabajo original publicado en 1995).

—Mihovilovich, Juan. (2007). Autobiografía de mi Madre. [Proyecto Patrimonio]. Disponible: www.letras.s5.com. [Consulta: 2016, Mayo 15].

—Montes, Mónica. (2001, Octubre). Reseña de Cosecha de Huesos de Edwidge Danticat. Pensamiento y Cultura. no. 4 (pp. 239-241). Cundinamarca, Colombia: Universidad de La Sabana. [Revista en línea]. Disponible: http://www.redalyc.org/pdf/701/70100422.pdf. [Consulta: 2016, Mayo 25].


—Stecher, Lucía. (2019, Marzo 5).  Jamaica Kincaid: Autobiografía de mi Madre. Santiago de Chile: Letras en Línea, Departamento de Literatura U A H. [Documento en línea]. Disponible: www.letrasenlinea.cl/?=573 [Consulta: 2016, Mayo 10]. *

*Ponencia presentada en el Foro-Conversatorio: “Una Mirada Pedagógica y Crítica a la Literatura: Latinoamérica y el Caribe, en el Instituto Pedagógico de Caracas, en los cursos de los doctorados: “Doctorado en Pedagogía del Discurso” (Proyecto de Investigación II) y Doctorado en Cultura y Arte para América Latina y el Caribe (Seminario de Literatura Latinoamericana y el Caribe), en Caracas, el 19 de septiembre de 2016.



domingo, 2 de octubre de 2016

DE LA RAZÓN OBJETIVA A LA RAZÓN INTERSUBJETIVA (Otra manera de ver la raza y la etnicidad en América Latina)






REPÚBLICA BOLIVARIANA DE VENEZUELA
UNIVERSIDAD PEDAGÓGICA EXPERIMENTAL LIBERTADOR
INSTITUTO PEDAGÓGICO DE CARACAS
SUBDIRECCIÓN DE INVESTIGACIÓN Y POSTGRADO
DOCTORADO EN CULTURA Y ARTE PARA AMÉRICA LATINA Y EL CARIBE

Curso: Modernidad y Postmodernidad y sus efectos en Latinoamérica y el Caribe
Profesor: Dr. Jorge Bracho
Participante: Manuel Bas
Caracas, 07 de marzo de 2016

“Fue a través de la ciencia de la raza, que los ejecutores del proyecto de la modernidad trataron de tomar las diferencias morfológicas, culturales, sociales e históricas existentes entre grupos de personas, para edificar con ellas una jerarquía certificada por la razón, que acabaría por ocupar su propio lugar en las disposiciones sociales y políticas del liberalismo”. (Lucius Outlaw en R. Rorty, K-O. Apel, H. Putman, D. L. Hall, A. C. Graham, A. Macintyre, L. Outlaw, B. K. Matilal, F. I Streng, R. J. Bernstein y Otros, 2001, p. 45).

“Los elementos igualitarios y universalistas del liberalismo necesitan ser atemperados con la realidad de las diversidades humanas, es decir, con la necesidad de poner en juego, en determinadas circunstancias, el elemento de mejora de la convicción liberal” ”. (Lucius Outlaw en R. Rorty, K-O. Apel, H. Putman, D. L. Hall, A. C. Graham, A. Macintyre, L. Outlaw, B. K. Matilal, F. I Streng, R. J. Bernstein y Otros, 2001, pp. 41-42).

DE LA RAZÓN OBJETIVA A LA RAZÓN INTERSUBJETIVA
(Otra manera de ver la raza y la etnicidad en América Latina)

     La filosofía ha sido considerada por muchos intelectuales, dentro de los que cabe destacar a Werner Jaeger (1933-1945, tr. 2001) como “la creación más maravillosa del espíritu griego, el más elocuente testimonio de su estructura única: la filosofía… El pueblo griego es un pueblo filósofo por excelencia”, (p. 16). Este autor, (ob. cit.) se refiere a Aristóteles como un pensador no de un solo sistema, sino que venía desarrollando continuamente su pensamiento de manera progresiva hasta la adquisición de un método empírico-científico y de una perspectiva inmanente. A mi juicio, siguiendo la idea de Werner Jaeger, Aristóteles fue el prototipo de lo que va a ser en nuestra época: el intelectual y el científico. Para Ayn Rand (2011-2016), refiriéndose al estagirita: “Si existe un Atlas filosófico que sostiene la filosofía occidental sobre sus hombros, es Aristóteles”, (p. s/n.). Desde el tiempo de Grecia clásica dos posiciones van a determinar la realidad: objetivismo y subjetivismo. La primera postura sostiene que la realidad existe independientemente de la conciencia de las personas que están en contacto con esa realidad a través de la percepción sensorial, y la que los seres humanos toman del mundo sensible y de esta manera pueden obtener el conocimiento objetivo, [Heráclito (s. V-IV), Platón (427-347), Aristóteles (384-322) a. C.]. La segunda limita la validez de la verdad al sujeto que juzga principalmente según  su entendimiento y en consideración a su realidad específica, entorno, interacción social, entendida no como un hecho externo, sino como constitutiva del sujeto, entre sus representantes tenemos a los sofistas Protágoras, Gorgias, Crátilo (s. V a. C.) y modernamente Nietzsche, entre otros. En estas dos aguas va a navegar el pensamiento desde entonces hasta ahora. De modo que las visiones objetiva y subjetiva del mundo es un problema que se remonta a la antigüedad.

     En el trono de la filosofía los griegos sentaron a la “diosa razón, la razón (ratio), como la facultad humana de identificar conceptos, de cuestionarlos, el fundamento del ser y del conocimiento, el entendimiento discursivo e intelectivo, a través de la cual comprendemos el mundo. Sin embargo, es con Descartes (1595-1650) en su obra “El Discurso del Método para dirigir bien la Razón y buscar la verdad en las Ciencias” (1637/1939) que se le va a atribuir de manera exacerbada, a la razón humana la certeza absoluta del conocimiento, en cuyo procedimiento el filósofo lo categoriza en cuatro postulados: duda metódica: no admitir como verdad cosa alguna sin conocer con evidencia; dividir los problemas en sus elementos primarios (análisis); reunir y organizar ordenadamente los conocimientos elementales (síntesis); y enumerar y revisar todas las verdades conocidas ¿Qué se propone Descartes? Innegablemente crear una “mathesis universalis” fundamentada en un hipotético modelo construido con rigor axiomático aplicable a la realidad con la severidad y la exactitud de las matemáticas. En este sentido, Descartes es el precursor de la lógica moderna y padre de la geometría analítica y de la filosofía moderna, apriorística, que fue, naturalmente uno de sus grandes logros y fracasos.

     A esta empresa, pero por otro camino, Francis Bacon (1561-1626) con su trabajo: “Novum Organum, aforismos sobre la interpretación de la naturaleza y el reino del hombre” (1620/1984) donde postula que el conocimiento humano es producto de la experiencia, aportando de esta manera a la lógica, el método experimental inductivo, en la que advierte, en relación a los prejuicios del hombre (ídolos), lo perjudicial que puede ser para el entendimiento humano y en general para el conocimiento, consejas que muchos filósofos de la época y la actualidad dejaron de lado y que fue nefasto en la historia del pensamiento humano. De esta manera presenta sus ídolos: Ídolos de la tribu (Idola tribu), se refiere a los prejuicios del género humano; Ídolos de la caverna (Idola spucus), al conocimiento procedente de la educación y los hábitos; Ídolos de la plaza pública (Idola fori) nacidos del lenguaje —ya señalado por Platón, en su obra Crátilo o “De la Propiedad de los Nombres”, circa 460 a. C.—; Ídolos del teatro (Idola theatri), nacidos de la falsa filosofía, que Bacon considera una fábula puesta en escena.

Bacon, al igual que Descartes, centran su interés en las verdades objetivas pero por dos caminos diferentes; para Aquél el conocimiento es a priori, mientras que para Éste es a priori De esta manera, lo planteado por ambos filósofos van a dar la estructura básica de la  filosofía y la ciencia moderna, sin embargo, estos autores, sobre todo Descartes y sus seguidores olvidaron la vieja  prédica de Heráclito de que la realidad es dual, una visible y otra invisible, que las cosas son y no son, que el devenir (el cambio) siempre va a estar presente. Que los sentidos, incluso el entendimiento humano son limitados, que la realidad está compuesta de contrarios: una física y otra no física. Que todo no puede ser objetivado, que la experiencia y la razón sola, de manera  unilateral no son autosuficientes, como lo demostraría más tarde Kant en la “Crítica del Juicio o de la facultad de juzgar” (1790) en la que el filósofo advierte que se pueden conocer los fenómenos, pero la cosa en sí no nos es cognoscible, (criticismo kantiano como una modalidad de escepticismo).

     Cabe referir, en este espacio, lo que refiere Martínez (1999) sobre varios autores en relación a la adquisición del conocimiento. Toda observación es relativa desde el punto de vista del observador (Einstein); se hace desde una teoría (Hanson); afecta el fenómeno observado (Heisenberg); no existe hecho sino interpretación (Nietzsche); ninguna ciencia está capacitada para demostrar científicamente su propia base, ningún sistema matemático puede demostrar los axiomas  en que se basa (Godel); ningún lenguaje tiene los medios consistentes para definir su propia semántica (Tarsky).

     En relación al cartesianismo, Ibáñez (2001) expresa, que el legado cartesiano diferencia dos mundos, el interior y el exterior como dicotomía de la realidad interior y exterior del sujeto, que él categoriza en cuatro mitos de la ciencia de la modernidad, de esta manera: el conocimiento válido como representación correcta y fiable de la realidad; el objeto como elemento constitutivo del mundo; la realidad como entidad independiente de nosotros; y la verdad científica como criterio decisorio. Aunque Ibáñez admite que es necesario tener un concepto práctico de la verdad que informe de nuestra vida cotidiana.

     En este contexto, cabe recordar lo argumentado por Habermas citado por Outlaw (2001) que la modernidad se desarrolló en el seno de la razón con su propósito de progreso infinito y humanista de la iluminación de Europa como realización histórica con sus logros en el campo de las ciencias y particularmente de las matemáticas, sin embargo, la razón científica, por otro lado justificó la exclusión y la dominación de unos contra otros en medio de su proyecto liberal que proclamaba el derecho a la crítica, la autonomía de acción y el individualismo. Se constituyó en una quimera, en una especie de paradoja, que condujo al universalismo excluyente, al igualitarismo subyugante y al mejorismo que colocó a la humanidad al borde del desastre. Un proyecto político que si bien es cierto, que trajo sus transformaciones sociales, culturales, económicas, políticas, que cristalizó en la Revolución Francesa, cuya teoría política fue el liberalismo, que a pesar de haber invocado la igualdad en la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano aprobada por la Asamblea Nacional Constituyente francesa el 26 de agosto de 1789 siguieron los problemas de discriminación racial, de etnicidad y de la política de la diferencia y de la negación del otro.

     Al respecto, Novak citado por Outlaw (2001) para hacerle frente al derecho que tenemos todos de ser otro, distinto (alteridad) y a ser reconocido como individuo diferente (otredad), no  bajo los cánones de la universalidad sino de la diversidad, propone una nueva forma de liberalismo, que él  denomina “liberalismo cosmopolita” en oposición al universalista, que debe descansar sobre dos pilares fundamentales: comprensión intelectual del otro y el respeto de las diferencias de los individuos. Esto, desde luego, apunta Outlaw (ob. cit.) obliga a cambiar el paradigma del conocimiento del objeto por el paradigma del entendimiento mutuo entre sujetos capaces de dialogar, es decir,  de establecer la razón comunicativa, que  denomino “razón intersubjetiva”, esto es posible —apunta Outlaw— si se atempera los elementos igualitarios y universales del liberalismo con la realidad de las diversidades humanas, y de esta manera mejorar la condición liberal.

No olvidemos, que según Outlaw:

Fue a través de la ciencia de la raza que los ejecutantes del proyecto de la modernidad trataron de tomar las diferencias morfológicas, culturales, sociales, e históricas existentes entre grupos de personas, para edificar con ellas una jerarquía certificada por la razón, que acabaría por ocupar  su propio lugar en las disposiciones sociales y políticas del liberalismo, (p. 45).

     Al respecto, cabe citar lo señalado por Calderón, Hopenhayn y Ottone (1996); Hopenhayn (2002) en relación a la negación del otro, que él denomina “dialéctica de la negación del otro”, que se explica en la discriminación de las etnias indígenas y africanas (el negro como factor de atraso) han contribuido en América Latina y el Caribe al dilema civilización-barbarie, el reconocimiento unilateral de una cultura como válida frente a otra que se niega, que se le invisibiliza las diferencias. Dice Hopenhayn en Follari y Lanz (Comps.) (1998) esta región expresa un tejido intercultural, una historia hecha de mezclas y coexistencias progresivas de identidades étnico-cultural, reflexionar sobre la identidad y el cambio debe ser el objeto y propósito de los intelectuales latinoamericanos.

     Siguiendo esta idea, Outlaw (2001), apunta “…como confirmación de los principios originales de la antropología filosófica de la modernidad liberal a saber: que bajo las diferencias aparentes todas las personas son esencialmente iguales. La recuperación de tal compromiso alimentará las de la lucha contra la opresión”, (p. 45). Esta lucha podría cristalizar de algún modo con los planteamientos de la teoría crítica que según Guba (1991) propone transformar el mundo a través de un sistema particular de valores que tiendan a dar poder y a emancipar a las personas a través de un enfoque dialógico que se convierta en un acto político y transformador y de mediación social. De esta manera, a mi juicio, se puede enfrentar los problemas raciales y etnocéntricos, y lograr una sociedad más justa y equitativa.

     En relación a la problemática racial ha expresado Outlaw lo siguiente: “Las categorías  raciales son de naturaleza fundamentalmente social y se sustentan sobre las arenas movedizas de la heterogeneidad biológica. Los aspectos biológicos de la raza se circunscriben en proyectos concretos de construcción  cultural, política y social. La raza es una creación social”, (p. 51). Para este autor, tanto los criterios de raza y etnicidad carece de fundamentos científicos.

     Sin embargo,  el trabajo es arduo, porque las dimensiones étnicas y raciales están  sostenidas sobre las fuertes bases del prejuicio y de la ignorancia. Outlaw propone para una sociedad más justa, un liberalismo cosmopolita que garantice la emancipación democrática en el contexto de la diversidad étnica y racial que preserve de alguna manera los avances progresistas de la modernidad, tanto de liberales como marxistas críticos, rehabilitando al propio tiempo como “razón comunicativa” (razón intersubjetiva) a la razón  de la modernidad (razón objetiva), lo que Outlaw denomina ir  de una universalidad de estrategias conceptuales a otra democrática compartida como proyecto existencial.

     Ya es, sólidamente claro, que la Diosa Razón con su manto de la universalidad y del progreso en forma de bienestar material, paz y estabilidad social y autonomía individual no les puede garantizar por su incompletud, una vida equitativa a Latinoamérica, donde todavía se ocultan formas diversas de dominación, racionalización de la cultura y de la sociedad y la generalización de normas y valores.

Claro está, según Outlaw, no se debe caer una vez más en el error de pensar, que la vía hacia una sociedad justa y emancipada, debe tener como fundamento la eliminación de raíz de las diversidades de pensamiento, porque se llegaría nuevamente, aunque por otro camino, al pensamiento científico-filosófico reduccionista y extremista, y los problemas de esta índole serían una historia sin fin. En todo caso, se debería evitar, nuevamente, como el caso de Descartes, de formular una “mathesis universalis”, porque hoy, más que nunca, sabemos que es imposible hallar una metodología general válida aplicadas a todos los campos de las ciencias y del saber humano.

REFERENCIAS

—Ayn Rand. (Seudónimo). (2011-2016). Objetivismo. [Documento en línea]. Disponible: www.objetivismo.org. [Consulta: 2016, Febrero 29].
—Bacon, Francis. (1984). Novum Organum, aforismos sobre la interpretación de la naturaleza y el reino del hombre (Cristóbal Litrán, Trad.). [Novum Organum, Sive Indicia Vera de Interpretatione Nature et Regno Hominis]. Barcelona, España: Ediciones Orbis, S. A. (Trabajo original publicado en 1620).
—Calderón, F., Hopenhayn, M. y Ottone, E. (1996). Esa esquiva modernidad. Desarrollo, ciudadanía y cultura en América Latina y el Caribe (1a. ed.). Caracas: UNESCO/Editorial Nueva Sociedad.
—Descartes, René. (1939). El Discurso del Método para dirigir bien la razón y buscar la verdad en las Ciencias (Manuel García Moronte, Trad.). (3a. ed.). [Discours de la méthode pour bien conduciré sa raison, et chercher la vérité dans les sciences]. Madrid: Editorial Espasa Calpe. (Trabajo original publicado en 1637).
—Guba, E. G. (1991). El Diálogo del Paradigma Alternativo (A. María Castro de Núñez, Trad., Instituto Pedagógico de Caracas, Caracas, Venezuela). [The Alternative Paradigm Dialog. In The Paradigm Dialog]. Newbury Park, California: SAGE.
—Hopenhayn, M. Tribu y metrópolis en la postmodernidad latinoamericana. En R. Follari y R. Lanz, (Comp.) (1998), Enfoques sobre Postmodernidad en América Latina (pp. 19-35). Caracas: Editorial Sentido.
——————————. (2002, Febrero). El reto de las identidades y la Multiculturalidad. Revista de Cultura Pensar Iberoamérica. Nº 0 (p. s/n.). Madrid: Organización de Estados Iberoamericanos para la Educación, la Ciencia y la Cultura. [Revista en línea]. Disponible: www.oei.es/pensariberoamerica/ric00a01.htm [Consulta: 2016, Enero15].
—Ibáñez, T. (2001). Psicología Construccionista. México: Universidad de Guadalajara.
—Jaeger, Werner. (2001). Paideia: Los ideales de la cultura griega (Joaquín Xiral, Trad.). (11a. ed.). [Paideia, Die Formung des Griechischen Menschen]. México: Fondo de la Cultura Económica. (Trabajo original publicado en 1933-1945). Libro en línea]. Disponible: www.es.slideshare.net/educacionrafael/Jaeger-paideia [Consulta: 2016, Febrero 29].
—Martínez, M. (1999). La Nueva Ciencia su Desafío, Lógica y Método. México: Editorial Trillas. [Libro en línea]. Disponible: http://prof.usb.ve/miguelm/lanuevaciencia.html. [Consulta: 2016, Marzo 14].
—Outlaw, L. Visiones del Mundo, Modernidad y Praxis Filosófica: Raza, Etnicidad y Teoría Social Crítica. En R. Rorty, K-O. Apel, H. Putman, D. L. Hall, A. C. Graham, A. MacIntyre, L. Outlaw, B. K. Matilal, F. I Streng, R. J. Bernstein y Otros (Eliot Deutsch, Edición), 2001, Cultura y Modernidad. Perspectivas Filosóficas de Oriente y Occidente (1a. ed.). (D. Sempau, Trad.). [Culture and Modernity: East-West Philosophic Perspectives]. (pp. 37-66). Barcelona, España: Editorial Kairós, S. A. (Trabajo original publicado en 1991).

Esp. Víctor A. Hernández: Editor.

Los Teques, estado Miranda, Venezuela, julio de 2016   

viernes, 24 de junio de 2016

LA NEGACIÓN DEL OTRO LA NEGACIÓN DE SÍ MISMO






REPÚBLICA BOLIVARIANA DE VENEZUELA
UNIVERSIDAD PEDAGÓGICA EXPERIMENTAL LIBERTADOR
INSTITUTO PEDAGÓGICO DE CARACAS
SUBDIRECCIÓN DE INVESTIGACIÓN Y POSTGRADO
DOCTORADO EN CULTURA Y ARTE PARA AMÉRICA LATINA Y EL CARIBE

Curso: Modernidad y Postmodernidad y sus efectos en Latinoamérica y el Caribe
Profesor: Dr. Jorge Bracho
Participante: Manuel Bas
Caracas, 22 de febrero de 2016


LA NEGACIÓN DEL OTRO LA NEGACIÓN DE SÍ MISMO
(Como Problemática de la Modernidad en América Latina)


“Toda la diversidad de vida que puebla la Tierra ha tenido un origen común, que tiene una interpretación a través de la comprensión de la molécula del ADN, la molécula de la vida”. (Eduardo Ghershman, 2006 p. s/n.).

“La modernidad de nuestros países es un tiempo nuevo que contiene muchos tiempos”. (Martín Hopenhayn en Follari, R. y Lanz, R. Comps., 1998 p. 26).

“Por nuestra propia precariedad ‘sustancial’ nos hemos constituido basados en la negación del otro; y esta negación del otro es un cimiento en el imaginario latinoamericano: signo, estigma, fantasma. La identidad basada en esta negación siempre es una identidad postergada: el criollo es no-indio, pero eso no lo hace europeo;  su compulsión  a huir de la diferencia le impide ver la diferencia fuera y dentro de sí con lo cual niega parte de su propio ser”. (F. Calderón, M. Hopenhayn y E. Ottone, 1996 p. 71).

     La dicotomía civilización-barbarie, hija de la modernidad, venida a la América en las carabelas de la conquista constituida en la negación y la invisibilización del otro pasó a ser el motor impulsor de todas las discriminaciones en sus más variadas formas, que se han dado en América Latina en los más de 500 años. En el siglo XXI, de algún modo esta situación persiste, se trasforma en las más variadas formas posibles. A pesar de que el Proyecto Genoma Humano (PGH), liderizado por Francis Collins en 1990 y culminado en el año 2003, quizá el último gran descubrimiento del siglo XX , cuyo propósito era determinar la secuencia de pares de bases que componen el ADN e identificar y cartografiar los aproximadamente 20.000 ó 25.000 genes del genoma humano desde el punto de vista físico y funcional, demostró, según Ghershman (2006): “Toda la diversidad de vida que puebla la Tierra ha tenido un origen común, que tiene una interpretación a través de la comprensión de la molécula del ADN, la molécula de la vida”, (p. s/n.). Con el desciframiento del código genético humano, toda descalificación en término raciales se fundamenta en la ignorancia y en el prejuicio de unas personas hacia otras. Este es el tema que abordaré en este ensayo.

     Uno de los grandes problemas que surgió a raíz del Descubrimiento de América, es lo que Hopenhayn (2002) denomina la “dialéctica de la negación del otro”, manifestado en la dicotomía bárbaro-civilizado, traducida en lo que este autor ha denominado: invisibilización de la diferencia. Este fue uno de los mecanismos que empleó la Europa racionalista, la modernidad racionalizante, con su propia lógica como una manera de imponer a los pueblos de lo que más tarde va a ser América su dominio, para lo cual se sirvió de la empresa de conquista armada emprendida por los reyes católicos Isabel de Castilla y Fernando de Aragón a la que se le unió la iglesia católica, cuyo fin era el dominio de los pueblos con su mensaje evangelizador con un programa superlativamente expansionista, quizá tan vil, como el sometimiento por las armas, teniendo como fachada la doctrina de San Agustín sostenida en su obra “Ciudad de Dios” (Civitas Dei) que los conquistadores y clérigos creyeron  encontrar en tierras americanas, la ciudad divina que describe en esta obra. La doctrina evangelizadora era de carácter  cerrado, reduccionista, y solo para dar un ejemplo ilustrativo, bastaría  citar una máxima de Santo Tomás de Aquino para dejar claro este planteamiento. Cito: “La filosofía es la esclava de la teología”. Esta manera de pensar mutiló el pensamiento dialéctico de Platón y el pensamiento deductivo de Aristóteles y el sentido común por lo que abogó toda su vida Sócrates-

     Desde la caída del mundo pagano en el siglo IV d. C. con el triunfo del cristianismo a raíz del Edicto de Milán en el año 313 d. C., también conocido como “La Tolerancia al Cristianismo”, la religión católica va a imponer su hegemonía en Occidente, que gracias a ella, junto con el poder político europeo de las naciones alineadas con el catolicismo emprendieron  la empresa de la conquista de América. Para ello crean su propia lógica interna justificadora, cuyas acciones  consistían  en negar el derecho de los otros. Y es así, que un poco antes de la empresa de la expansión europea hacia América, en 1453, fecha que algunos le asignan como principio de la modernidad, que Eanes Gomes Azurara, para justificar la empresa de la esclavitud negra, hasta ahora no institucionalizada en América, escribe una obra que de algún modo va a ser la patente de corso para justificar las aberraciones más infames contra el género humano, titulada: “Crónica del Descubrimiento y Conquista de Ginea y Otros Relatos” en donde sostiene la tesis bíblica  de que los negros son descendientes de Caín, hijo maldito de Noé, por lo tanto deben ser esclavizados. Este autor encontró su par en Juan de Torquemada quien escribe la obra: “Monarquía Indiana” iniciada entre 1492-3 y terminada en 1513 donde afirma la desigualdad social de la raza negra como imposición divina.

     En el contexto americano se van aplicar sin escrúpulos la esclavitud negra de acuerdo al planteamiento ideológico de estos dos autores, incluso, se les va a unir en la aventura de la conquista para el sometimiento y esclavitud del indio, la tesis de Juan Ginés de Sepúlveda (1490-1573) con su “Tratado sobre las Justas Causas de la Guerra contra los Indios” escrita en 1550, donde el sacerdote español sostiene la idea de la “Ley del Derecho Natural” de someter a los inferiores, bárbaros e impíos, los que tienen superioridad cultural, el imperfecto debe ser sometido por el perfecto. Y es así  que ya para 1597 el Gobernador y Capitán General de la Provincia de Venezuela le entrega a Gaspar Camacho la encomienda de indios, en cuyo documento, entre otras cosas, con el castellano arcaizante de entonces, expresa: “… doy un titulo (sic) de encomienda a vos el dho gaspar camacho (sic)  para que goseys (sic) de los frutos  y demoras y aprovechamientos que buenamente pudieran dar lo dhos yndios (sic)”. Diego de Osorio (1597) en Cortés (Comp.) (1971, p. 115). Por lo tanto era permitida la invasión a la América, el exterminio de las razas inferiores era aprobado por Dios, según sus creencias.

     No debemos olvidar, que la conquista hispana tuvo como “partida de nacimiento” Las Capitulaciones de Santa Fe. El 17 de abril de 1492 los reyes católicos  Isabel de Castilla y Fernando de Aragón suscribieron  con Cristóbal Colón  Las Capitulaciones de Santa Fe cuyo propósito  está claro en el texto: la expansión del imperio español, su política hegemónica, el documento es explícito en estos términos, los monarcas nombran a Colón Almirante, Virrey, Gobernador de las tierras que descubriere, con el derecho de tomar la décima parte de lo que hallare en oro, perlas, plata, especies y demás mercaderías de todas las tierras que descubriera. La suerte estaba echada con este documento para estas tierras.

     Además de este documento real, y las obras que se escribieron para justificar el abuso que cometieron la espada y la cruz ya comentadas, en el tiempo siguieron emanando disposiciones de la corona española para mantener el control en tierras americanas. Cabe recordar, en relación a la mano de obra esclava, la Real Cédula e Instrucción del 31 de mayo de 1789: “Disposiciones Regias para la Educación, Trato y Ocupación que Había de Darle a los Esclavos en las Colonias de España en América” (Código Negro), que entre gruesas  líneas se lee que obligaba  que la educación  de los esclavos  debía ser conforme a los principios y reglas  que dicten la religión católica, la humanidad y del buen Estado compatible con la esclavitud y tranquilidad pública, se le debe instruir en la doctrina cristiana y administración de los sacramentos, y en cuanto a la ocupación debe estar referida a la agricultura y demás labores del campo. (Antonio Potier 1789 en Cortés, Comp., 1971). De esta manera España le impuso su yugo a los pueblos bajo su dominio, que la hizo a su vez la nación más poderosa del siglo XVI, que según el Diccionario de Historia de Venezuela de la Fundación Polar (1997) citado por Garrido (2008) lo describe  de esta manera:

…el imperio español alcanzó su máxima extensión en la época de Felipe II, pues este monarca logró coronarse como rey de Portugal en 1581, anexando al imperio los extensos dominios ultramares lusitanos: Madeira, Azores, Costa africana, Goa, Malaca, Ormuz, Malucas y Brasil. Se había formado la verdadera monarquía universal con dominios en los 5 continentes. (p. 44).

     Además de lo comentado sobre la monarquía española es conveniente añadir, que con el Descubrimiento de América, Sevilla se convirtió en el centro económico del imperio español, en el puerto universal, por ella circulaba la plata y el oro, a tal punto, que el siglo XVI es denominado como “el siglo de la plata” no sin razón ostentaba el lema: “Quien no ha visto Sevilla, no ha visto maravilla”. En la obra de Luís de Peraza: “Historia de la Ciudad de Sevilla” (Historia de la nobilissima e imperial Ciudad de Sevilla) escrita en 1535, el documento más antiguo sobre esta urbe, se relata cómo la ciudad se asombraba con la llegada del oro del Perú hacia 1536. Una ciudad maravillosa cuya imagen queda para la posteridad en los en los grabados del artista flamenco Joris Hoefnagel o Georg Hufnagel publicados en 1588 en la obra: “Civitates Orbis  Terrarum” (Ciudades del Mundo). Por este puerto circulaban  gente de toda suerte: judíos conversos, moros, clérigos, plebeyos, esclavos, entre otros. Era de algún modo la puerta a la América.

     Este complejo proceso de fusión de las etnias naturales de América y las traídas de África por los europeos lo han denominado Calderón, Hopenhayn y Ottone (1996) tejido intercultural que viene a formarse como fuerza de la modernidad, la interculturalidad de América Latina, de la cual los latinoamericanos forman parte de sus tradiciones étnicas y culturales que como he comentado en líneas precedentes tienen raíces muy profundas que hay que buscarla muy lejos en el tiempo: en Europa, Asia, África. Por ello Hopenhayn en Follari y Lanz (Comps.) (1998) sostiene la tesis del sincretismo cultural como fundamento histórico, que es desde esta visión  de donde se debe mirar la identidad latinoamericana como producto de la combinación de varios elementos raciales, que Carlos Fuentes, en entrevista de Sergio Marras (1992) citado por Calderón, Hopenhayn y Ottone (1996); Hopenhayn en Follari y Lanz (Comps.) (1998) denomina “indo-afro-ibero-américa”.

     Para ahondar más en este complejo proceso racial y cultural, que vino de Europa a la América, que fue una especie de aluvión cultural, de contactos entre pueblos que se viene dinamizando y decantándose  desde la antigüedad, que es con la monarquía española de Carlos V y Felipe II cuando se potenció de manera impredecible y sin antecedentes, al respecto Garrido (2008) lo expresa de esta manera:

La monarquía de España toda la España y sus islas, el reino de Nápoles y de Sicilia, el estado de Milán, muchas fortalezas diseminadas en los principados italianos, los principales puertos: Hercole, Telemón, Longone en Toscana, Mónaco en Liguria; En (sic) Francia el condado de Flandes y el condado de Borgoña; y, demás, toda la América boreal y austral, en la parte marítima, con infinitas islas y todo el círculo de África con su mar excepto la parte boreal, donde los mahometanos tiene Marruecos, Tlemecén, Túnez, Trípoli y Egipto. Y también todos los litorales de Asia meridional, excepto unos pocos, con el otro hemisferio por ellos poseídos. Este hemisferio era América en el cual se estructuraría con el tiempo Iberoamérica, (p. 38-39).

     Ahora bien, este complejo mosaico cultural y racial, que llegó a lo que hoy es muchos casos los cronistas de indias deformaron con su visión  euro céntrica, cegados por el racionalismo con su lógica negadora, dogmática y reduccionista, unido al dogma católico exacerbado por el fanatismo, dibujó en el horizonte  una sobrerrealidad, un mundo fantástico y maravilloso; alucinados por la sed de poder y sometimiento y negación del otro y de imposición ideológica —la de la Corona y la de la Iglesia— para justificar las ideas más absurdas. Y no sólo eso, Cristóbal Colón en el primer viaje cree llegar a las tierras del Gran Can, Quisay, a Cipango (Japón), escuchar ruiseñores cantar, un ave que como se sabe, no existe en suelo americano. Tiene la impresión de que la gente de esta latitud era muy mansa, sin armas, vivían de forma paradisíaca, afirmaciones estas que dio pie para que Tomás Moro escribiera su famosa obra: “Utopía”. En el  tercer viaje, de las tierras de Macuro, Venezuela, dice que pertenecen a Asia. Este mundo de fábula y mito visto por los cronistas de indias, más tarde va a ser la materia prima de García Márquez en su realismo mágico. Siguiendo esta idea, los españoles cuando llegan a Colombia, en lo que hoy es municipio Boyacá, donde estuvo la cultura monquirá encontraron unas esculturas megalíticas en forma de falo, símbolo de fertilidad para la tribu, les pareció infernal, diabólico, razón por el cual apodaron el lugar como “el infiernito”.

     Con una visión delirante  de la realidad, los conquistadores catalogaron a los pueblos originarios de América como bárbaros, atrasados, sin embargo, los estudios hoy en el campo  de la arqueología, contradicen esta argumentación. Por ejemplo, la cultura Teotihuacán (México) nos dejó un complejo piramidal que tiene su homólogo en Egipto, inclusive, una de sus pirámides, la Pirámide del Sol, es la tercera más grande del mundo. En México estuvo también la cultura azteca o méxica que tuvo como asiento la ciudad de Tenochtitlán, considerada por Hernán Cortés, conquistador de esta ciudad, según su “Segunda Cata de Relación”, segunda parte, escrita el 30 de octubre de 1520 dirigida al Emperador Carlos V, que era tan grande como Sevilla y Córdova. Cabe recordar que Sevilla era la ciudad más grande  de Europa  en el siglo XVI. La civilización quechua o inca que se extendió por lo que hoy es Perú, Colombia, Bolivia, Ecuador, Argentina y Chile, tuvo entre sus grandes logros, construcción  de vías de comunicación que cruzaban el imperio en la costa y en la sierra, de unos 30.000 kilómetros,  mucho más extensa que la Gran Muralla China con sus 8.851 kilómetros. En la sierra construyeron puentes, escalinatas y túneles. En el Perú, la civilización moche o mochica nos dejó la tumba del Señor de Sipán  descubierta en 1987, con ostentosos tesoros a la altura de los que se han encontrado en   Egipto. La cultura maya (actual Guatemala, Belice, Honduras, El Salvador y parte de México) nos dejó una escritura jeroglífica que tiene su igual en el jeroglífico egipcio. La cultura caral (Perú) desarrolló conocimientos en los campos de la astronomía, aritmética,  geometría, física, medicina. De modo que estas adjetivaciones negativas a los nativos del continente americano se sustentan en una profunda ignorancia, y en la idea de subyugación y de invisibilizar al otro.

     En relación a la negación del otro Calderón, Hopenhayn y Ottone (1998) escriben:

       Por nuestra propia precariedad sustancial nos hemos constituidos basados en la negación del otro, y esta negación del otro es un cimiento en el imaginario latinoamericano: signo, estigma, fantasma. La identidad basada en esta negación siempre es una identidad postergada: el criollo es no-indio, pero eso no lo hace europeo; su  compulsión a huir de la diferencia le impide ver la diferencia fuera y dentro de sí, con  lo cual niega parte de su propio ser. En un sentido positivo, la evidencia de nuestra incompletitud, el carácter no-cerrado de los sentidos que nuestra propia cultura produce, (p. 71).

     Por lo tanto, de acuerdo con Hopenhayn (2002), la negación del otro es negación del multiculturalismo, es decir, el reconocimiento unilateral de una cultura como válida frente a otras que se les niega legitimidad. Es anacrónica la dicotomía: bárbaro-civilizado como invisibilización de la diferencia, debido a que en el tejido intercultural de nuestro “ser” latinoamericano se hace explícita según Hopenhayn (ob. cit.) en la música, ritos, danza, arte, literatura, etc. En este sentido se debe abogar por un multiculturalismo proactivo, como este autor ha denominado la conciliación de las diferencias con la igualdad de oportunidades de los distintos grupos e identidades culturales que se mueven por el tejido social. Llegó la hora de reflexionar en torno a la identidad (¿Qué somos?), y el cambio debe ser el objeto de reflexión en América Latina. Al respecto es oportuno citar a Fuentes, (1994) citado por Cervigón en Garrido (2008), quien señala:

Cuando nos independizamos de España en 1821, tres siglos después de la conquista, el movimiento liberal y modernizante decidió dejar atrás el pasado. Junto con las demás repúblicas hispanoamericanas nos lanzamos a la imitación extratológica de las leyes francesas, británicas y norteamericanas, convencidos de que su simple  transferencia a nuestro suelo pobre, explotado e injusto nos convertiría instantáneamente en sociedades prósperas y democráticas. Este ejercicio olvidó una cosa pero consagró otra. Olvidó que no podrá haber sociedad democrática sin continuidad cultural. La renuncia independentista al pasado indígena, juzgado de bárbaro, y al pasado español juzgado oscurantista, nos obligó a improvisar una cultura democrática inexistente. En cambio, la nación fue erigida como un compromiso entre el imperialismo español derrotado y los separatistas, caciquiles (las republiquetas en Suramérica) animados por el derrumbe del imperio español. Los liberales querían un país legal. Pero sus fachadas constitucionales sólo escondían el país real que los conservadores querían conservar, (p. 12).

     Cabe recordar al respecto, lo planteado por Calderón, Hopenhayn y Ottone (1996), la negación del otro, en la región de América Latina, se refleja en la discriminación de las etnias indígenas y afroamericanas, que para estos autores, el negro es visto como factor de atraso. Una realidad que no se interrumpe, se transforma, que no pudo cambiar la revolución de independencia, ni con las empresas modernizadoras, ni con el estado de derecho.

     Lo mismo pasó con lo que Darcy Ribeiro denomina “pueblos trasplantados”, grupos étnicos que vinieron de Europa a la América Latina a raíz de la Segunda Guerra Mundial procedentes de España, Italia, Polonia, Rusia, entre otros, donde sufrieron  violencia política e ideológica, exclusión socioeconómica, represión étnica y religiosa; a su llegada a esta región le fueron  negados sus derechos de ciudadanía política, repitiéndose la “dialéctica de la negación  del otro”, es decir, “…se diferencia al otro respecto se sí mismo y en seguida se lo desvaloriza y se lo sitúa jerárquicamente del lado del pecado, del error o de la ignorancia”, Briceño (s. f.), citado por Calderón, Hopenhayn y Ottone (1996, p. 64).

Esa otra cara de los negados, de convertirse en negadores; desvalorizados que desvalorizan al otro, es un cambio social que produce el fruto de la orfandad existencial, identidades frágiles, fugaces… Esta es el fantasma de la modernidad, su lado oscuro, que todavía gravita en la sociedad latinoamericana: integrados y excluidos, revertir este proceso, según Calderón Hopenhayn y Ottone (ob. cit.) constituye un proceso poblado de obstáculos.

     Con razón, Simón Bolívar, citado por Rangel (1992), hacia 1830 expresaba, en tono pesimista lo siguiente: la América Latina es ingobernable, el que sirve a una revolución ara en el mar, lo único que uno puede hacer es emigrar, la Gran Colombia caerá en manos de la multitud desenfrenada para pasar después a tiranuelos de todos los colores y razas, devorados por todos los crímenes, caerá en el caos primitivo. Esto sería el último período de Latinoamérica. Este es nuestro ahora. ¿Qué hacer? Al respecto Calderón, Hopenhayn y Ottone proponen las siguientes líneas de acciones:

     -Expandir en la ciudadanía derechos políticos, civiles y sociales.

     -Valorar la diversidad cultural y el pluralismo cultural.  

      -Promover la autonomía y roles sociales con respecto a los partidos políticos y el Estado.

     -Impulsar la autogestión, la cooperación y la microempresa a nivel local.

     -Y establecer los lazos de reciprocidad y solidaridad.

     Además de estas medidas, Hopenhayn (2002) se debe propender al establecimiento de medidas y programas de acción para que las poblaciones indígenas administren  y gestionen sus propios territorios y recursos naturales; conciliar las diferencias con la igualdad de oportunidades de los distintos grupos e identidades culturales  que constituyen el tejido social.

     Es una obligación de los Estados de la región, promover y realizar foros, convenciones, tratados internacionales, bases jurídicas en los países latinoamericanos para poder avanzar hacia el logro de una sociedad más justa y equitativa, para que la “negación del otro” quede en el pasado, porque hoy sabemos, sin lugar a dudas, que más que una realidad, la dicotomía: barbarie-civilización, civilización-barbarie: es un prejuicio, como lo demostró el Proyecto Genoma Humano.

MUESTRA VISUAL

 José Graterón Luque. Autorretrato (2015). Fotografía del artista.
 Colección Manuel Bas Caracas, D.C., Venezuela

 José Graterón Luque. Autorretrato (2016). Fotografía del artista.
 Colección Manuel Bas Caracas, D.C., Venezuela



REFERENCIAS

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——————————. (2002, Febrero). El reto de las identidades y la Multiculturalidad. Revista de Cultura Pensar Iberoamérica. Nº 0 (p. s/n.). Madrid: Organización de Estados Iberoamericanos para la Educación, la Ciencia y la Cultura. [Revista en línea]. Disponible: www.oei.es/pensariberoamerica/ric00a01.htm [Consulta: 2016, Enero15].
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Esp.(bi) TSU Víctor A. Hernández: Editor.

Los Teques, estado Miranda, Venezuela, junio de 2016